DRINOT Paulo

Expositor - Perú

Email: paulo.drinot@ucl.ac.uk

Historiador. Nació en Lima en 1973. Enseña historia latinoamericana en la Universidad de Manchester, en Inglaterra. Es co-editor del libro titulado Más allá de la dominación y la resistencia: estudios de historia peruana, siglos XVI-XX, publicado por el Instituto de Estudios Peruanos en 2005.

Conflicto obrero, arbitraje y el estado obrero en el Perú

Esta ponencia examina el conflicto obrero en las minas de la Anglo-French Ticapampa Company, situadas a una altitud de cerca 4000 metros de altura, en el departamento de Huaraz, Perú. Basándome en una amplia documentación generada por la Sección del Trabajo del Ministerio de Fomento, la correspondencia entre la Prefectura de Huaraz y el Ministerio del Interior, informes de la empresa preparados para sus accionistas, documentación producida por el Cuerpo de Ingenieros de Minas y estudiantes de la Universidad Nacional de Ingeniería, y tanto la prensa local del departamento de Huaraz como la prensa nacional, en la ponencia estudio cómo la regulación de las relaciones trabajo-capital se desarrolló en este campo minero en las décadas de 1920 y 1930.

Establecida a comienzos del siglo XX, con capitales franceses, para la década de 1920, Ticapampa se había convertido en la mina aurífera más importante del Perú. A pesar de ubicarse a más de cien kilómetros de la costa, la mina había adquirido un carácter industrial, y tenía la planta de lixiviación más moderna del país. En las décadas de 1920 y 1930, los obreros de la mina, así como los obreros en otrosl lugares del país, tal como demostré en mi libro La seducción de la clase obrera: Trabajadores, raza y la formación del Estado en el Perú, utilizaron nuevos derechos y leyes obreras para hacer negociar a la empresa. El arbitraje laboral, planteo, fue el mecanismo mediante el cual los obreros hicieron llegar al estado hasta sus minas a 4000 metros de altura y a cientos de kilómetros de Lima. El arbitraje, entonces, no sólo fue una mecanismo para resolver los conflictos laborales sino más bien un medio del que disponían los obreros para movilizar al estado – pensado no como una institución sino como un serie de disposiciones que ponían al trabajo y al capital, si quiera momentáneamente, al mismo nivel.

Esta ponencia, por lo tanto, presenta un estudio de caso de cómo los obreros  aprovecharon y desplegaron el poder del estado en sus negociaciones con el capital en un contexto donde el estado estaba supuestamente ausente. Me enfoco en particular en dos momentos de importante conflictividad obrera. Por un lado, el periodo 1918-1921, cuando el campamento minero se ve sacudido por tres grandes procesos: primero, demográfico, como consecuencia del efecto de la gripe española, que mató a más de la mitad de los obreros de la mina; segundo, social e ideológico, la ola revolucionaria desencadenada por la Revolución rusa de 1917, que alteró radicalmente las relaciones entre obreros y la empresa; y tercero, político, el impacto desestabilizador que tuvo el establecimiento de la Patria Nueva del Presidente Augusto Leguía en 1919 sobre las elites locales en Huaraz. Por otro lado, el conflicto laboral de 1938, que generó una amplia documentación que ha sobrevivido en los legajos de la Sección del Trabajo, pone en relieve como más allá del marco institucional y legal, de por sí asimilado por los obreros y sus representantes en el tribunal arbitral, los obreros supieron movilizar el discurso generado por el gobierno del General Oscar Benavides, que a su vez retomaba un discurso transnacional sobre el obrero como agente del progreso industrial, en torno a la ‘acción social del estado’ y la función conciliadora del estado en las relaciones capital-trabajo, para conseguir aumentos salariales de la empresa.

Sin bien el arbitraje en Ticapampa no alteró radicalmente sus condiciones de trabajo o de vida, confirió a los trabajadores un nuevo, y utilizable, estatus que reflejaba la manera como el Perú  fue re-imaginado como un “estado obrero” en las décadas de 1920 y 1930.